La toma de la temperatura corporal en un individuo nos permite aproximar la temperatura interna con las que se están a desarrollar los distintos procesos del organismo. Este es un parámetro muy importante, ya que es uno de los principales signos que nos permiten detectar si hay alguna alteración en el medio interno del paciente para identificarla lo antes posible y ofrecer una respuesta efectiva ante ella.
La temperatura puede medirse en distintas partes, como el recto, la lengua o el oído, pero la más frecuente, cómoda y efectiva es la zona axilar. La temperatura media corporal normal suele situarse en un rango de entre 35 y 37 grados. Por debajo del mínimo se consideraría hipotermia, y por encima, hipertermia, siendo esta dividida en varios subgrupos: febrícula entre 37 y 38, fiebre entre 39 y 40, y fiebre muy alta por encima de este último valor.
Una temperatura corporal elevada es síntoma claro de un proceso inflamatorio. Este puede tardar un tiempo en aparecer, por lo que ante una subida repentina de la temperatura debemos estar expectantes ante su posible aparición. Por eso es importante medir siempre la temperatura varias veces al día.
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