El aislamiento de contacto es una medida muy frecuente en el ámbito hospitalario y que se utiliza ante el diagnóstico o sospecha de un paciente que padezca de una enfermedad transmisible por contacto directo con él o con el entorno que le rodea.
El objetivo de este procedimiento es evitar la diseminación del patógeno a las personas que estén en el medio contaminado, estableciendo una barrera protectora, evitando así la transmisión por contacto directo, con el propio paciente, y con el medio indirecto, que es el espacio en el que convive. Con esto se garantiza eliminar la propagación del microbio y garantizar una mejor seguridad en el ámbito sanitario.
Como cualquier otro tipo de aislamiento, se deben seguir las precauciones estándares respectivas a los aislamientos, que incluyen el lavado de manos previo y posterior a entrar en el entorno, la utilización de material protector, que incluye bata, mascarilla y guantes, y no reutilizar los objetos empleados para técnicas que hayan tenido contacto con el medio. A estas medidas universales se les tiene que añadir unas medidas particulares de este tipo de aislamiento:
- Utilizar preferiblemente un espacio individual y con lavabo. Si no es posible, los pacientes con el mismo microorganismo pueden convivir juntos.
- Los dispositivos sanitarios que se utilicen para el paciente serán de uso exclusivo individual.
- No tocar ningún elemento del interior sin guantes.
- Evitar salidas innecesarias del paciente.
- Limitar las visitas de acompañantes.
- Limpieza periódica del entorno con material desinfectante.
Para la realización de la entrada se empleó el siguiente artículo:
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.